Esta pieza representa la planta de un laberinto y fué realizada con 20 kilos de hidróxido de calcio (cal muerta) en el entorno natural de la finca de D. Carlos, en el pueblo de Blanca (Murcia) durante el Taller Internacional de Paisaje que se celebró allí.
El diseño del laberinto no contempla una entrada o una salida que permita resolver el mismo, salir de sus límites, y por lo tanto niega su utilidad tanto simbólica, como lúdica.
La proyección en planta de ese futuro edificio sin uso, y su colocación sobre un terreno más o menos natural, destinado al cultivo, habla de la relación del hombre con su entorno como una relación laberíntica en la que es difícil (o imposible) encontrar una solución correcta. A la misma vez, se trata también de hablar sobre el urbanismo, sobre las obras y los ordenamientos urbanísticos que amenazan y destruyen paisajes naturales como las costas, las montañas, los cauces de los ríos...

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